4.8.09

siglo y medio después



" Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra o del trazo para poderse presentar después en la escena del mundo.


Fecunda como el lecho de amor de la miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuáles ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de la entrañas de la Tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos.

Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de medianoche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones y ante esa idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida y, agitándose en formidable aunque silencioso tumulto, buscan un tropel por dónde salir a la luz ente las tinieblas en que viven. Pero ¡ay, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo pueden salvar la palabra y el trazo; y ellos, tímidos y perezosos, se niegan a secundar sus esfuerzos! Mudos, sombríos, e impotentes después de la inútil lucha, vuelven a caer en su antiguo marasmo, tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que levató el remolino.

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mi fiebres; ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí, paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un término, y a éstas hay que ponerles punto. "


Gustavo Adolfo Bécquer
Junio de 1868

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